Nace este blog de mi necesidad de mostrar una nueva faceta de mi vida: la de marica. Y es un paso en realidad importante, pues es también la primera vez que digo 'abiertamente' que me gustan los hombres. Pero también las mujeres. De hecho estoy casado con una extraordinaria, quien muy seguramente me dejaría si supiera las maricadas de su marido.

Pero este blog lo abro precisamente para desahogarme y para contar, desde mi perspectiva, como y por qué he decidido 1. mariquiarme en este sitio 2. No salir jamás del clóset.

Arranquemos con un poco de historia. Mi primer contacto sexual fue con un primo. En las reuniones familiares y en cada fiesta nos veíamos. Eramos, dijeramos muy unidos como amigos. Tanto que no me acuerdo en que momento dejamos de jugar al futbol para encerrarnos en cualquier cuarto a toquetiarnos. Y me gustaba. Aún eramos imberbes y más bien nos gustaba explorarnos. De hecho, lo que más me gustaba a mi era darnos besos en la boca.

Recuerdo esa época muy vagamente, y a veces pienso que fue un sueño. No me acuerdo cuando déjamos estos encuentros pero si me acuerdo de un evento que aún no se me ha quitado de la cabeza: su desarrollo. En tanto empezó a crecerle vello, perdí el interés en él. Muy raro, por que ahora me encantan los hombres velludos.... ¿será una tara del pasado?

Esa parte de mi cuerpo se durmió con él y han pasado ya muchos años que no lo veo. Igual sería incapaz de preguntarle o de insinuarmele.

En fin, transcurrió toda mi vida heterosexual con algunas novias por aquí y por allá. Me habré librado de esta 'maldición', pensé. Sin embargo, en cuanto arrancó mi vida profesional tuve la oportunidad de ser trasladado a lo que llamaré una especie de campamento. Pasaban los días aburrídismo y me empecé a fijar, no en mis compañeras sino en mis compañeros... Había uno, francamente feo al que, tengo que confesar, me le insinué toscamente. Nada pasó.

Años después, el deseo por los hombres se desvaneció y me dediqué a explorar el sexo femenino. Oh, que grandes faenas. En esas exploraciones encontré en Internet y la pornografía una válvula de escape. Una vez, encontré un sitio que me brindaba lo que buscaba: imágenes más bien descaradas de sexo en todas sus presentaciones. Después el sitio empezó a publicar fotos de hombres desnudos y finalmente, se lanzó al ruedo con secciones fotográficas de sexo gay.

No hay que decir que al principio sólo me fijaba en la parte hetero, pero después me gustaba echar algún ojo a las secciones de hombres: osito, amigos, veteranos, hardcore, etc.

Una de sus secciones, que lamentablemente ya desapareció, era 'contactos personales'. Así, un día de excitación extrema empecé a explorar los avisos y a enviar mensajes. Realmente, no sabía en lo que me estaba metiendo, pero igual lo seguí haciendo. Llegué incluso a cruzar números de teléfono y a hablar con alguien al otro lado de la línea